Ager y Portolá
El Valle de Ager es un enclave de gran importancia histórica. Se halla situado entre las sierras del Montroig i del Montsec d'Ares, encajonado entre las vertientes los ríos Noguera Pallaresa y Noguera Ribagorzana. Tiene por tanto una situación geográficamente parecida a las tierras de la baronía de Castellnou de Montsec. Sus accesos que fueron durante muchos años muy difíciles, mantuvo aislado el valle en el limite de los montes donde se inicia el pre-pirineo.
A pesar de ser un valle de tierras de secano, es rico y muy fértil, porque por su situación protegida por las montañas vecinas, favorece cierta humedad y un clima templado que facilita la producción de cultivos y plantaciones tradicionales.
Son numerosos los yacimientos arqueológicos y parte de las calzadas romanas que lo cruzaban. También cuenta con restos andalucíes de gran mérito.
La situación aislada, favoreció que después de su conquista en 1050 por Arnau Mir de Tost y su erección en Vizcondado, le permitiera la fundación de una Abadía, directamente sujeta al Santo Padre, sin que sobre ella existiera ninguna jurisdicción episcopal. Durante siglos estos privilegios eclesiásticos especiales, siempre respetados por los Condes catalanes y por las monarquías, hizo que el valle se mantuviera fuera de los muchos litigios de expansión y dominio.

El Abad, otorgaba derechos y prebendas sobre sus tierras y lugares a los nobles locales, previos convenios económicos que le libraban de problemas y le producían excelentes rentas.
La hermosa colegiata, joya del románico del siglo XI y cenobio de Abades y clérigos de renombre, se mantuvo durante siglos hasta su progresivo descrédito y ruina. De aquel esplendor, queda una impresionante y maltrecha arquitectura y abundantes muestras de ornamentos y de pinturas murales repartidos entre el museo Diocesano de Lérida, Vic y en la ciudad de Boston en Estados Unidos.
La familia Portolá, al afincarse en la Veguería de Lérida, consiguió ciertos derechos en algunos lugares del Valle de Ager, donde además compró una casa en la que se estableció. Ager fue la población de enlace que los Portolá mantuvieron entre Castellnou y Arties, antes de domiciliarse definitivamente en Balaguer.
El noble Gaspar de Portolá y Pont, dejó en Ager a su segundo hijo Nicolás, iniciando una rama Portolá de abundante prole de clérigos y militares.

Al poder que daban las muchas propiedades adquiridas, se sumó el derecho jurisdiccional y de dominio que poseían sobre lugares y predios, nombramientos de alcaldes, alguaciles, jueces y beneficiados de algunas Iglesias, donde naturalmente instalaron a familiares y amigos.
Durante años Ager fue el respaldo del poder económico de la familia Portolá, siendo el lugar de referencia de los productivos negocios ganaderos que regentaba Don Nicolás.
El Valle de Ager es actualmente un hermoso lugar que sin duda alcanzará un gran desarrollo tanto por su privilegiada situación como por la condición de su clima.
Tiene una colonia permanente de familias que han establecido allí su segunda residencia. Es una zona idónea para la práctica de parapente y donde se realizan concursos nacionales e internacionales.