GASPAR DE PORTOLÁ,
PRIMER GOBERNADOR DE CALIFORNIA
.

 

El director emérito del archivo Bancroft de la Universidad de California en Berkeley, remitió el siguiente escrito para iniciar la relación histórica de la presencia de Gaspar de Portolá en California, su expedición, la toma de posesión oficial de aquellos territorios en nombre del Rey de España, acto realizado en el puerto de Monterey.  Mr. Hammond fue acompañado por el autor de este artículo por tierras leridanas, en su visita realizada a los lugares más significativos de la vida leridana de Don Gaspar de Portolá.

 

Por George P. Hammond.
Biblioteca Bancroft, Universidad de California. Berkeley.

 

La península de la Baja California es un territorio montañoso, pedregoso, estéril, árido, que abarca cerca de mil millas desde el Cabo de San Lucas al paralelo 32, frontera con Estados Unidos de Norteamérica. Estaba habitado por distintas tribus de indios cuando los españoles de Hernán Cortés y sus sucesores fueron los primeros en alcanzar sus costas alrededor de 1530, gente que se habían adaptado a aquel empobrecido lugar. Desde muy pronto en su historia, Baja California se tenia como rica en perlas y durante más de dos centurias, numerosos comerciantes realizaron tentativas para recoger aquellas perlas con la ayuda de indios buceadores, pero nunca con éxito.

Estas primeras visitas a la península condujeron a la exploración de las dilatadas costas de la Baja California, con el resultado de que hacia 1os años del 1600, después de las exploraciones de Sebastián Vizcaino, los españoles habían conocido la mayor parte del territorio, dibujado mapas de su configuración, culminando con el magnífico mapa de Miguel Costansó, que muestra la Baja California en su forma más completa, mapa dibujado en 1770 y publicado en Madrid en 1771.

Entretanto, los jesuitas, por sugerencia de Fray Eusebio Francisco Kino y después por sus discípulos Juan María Salvatierra, Francisco María Píccolo, Juan de Ugarte y otros, habían establecido la primera misión en la península, que llamaron Nuestra Señora de Loreto, nombre que perdura todavía, principio de cerca de cien años de actividad misional jesuítica en aquel país inhóspito.

Después de la expulsión de los jesuitas de la Baja California, aquellas misiones fueron entregadas a la Orden de los Dominicos, mientras que a los Franciscanos del Colegio de San Francisco el Grande de la Ciudad de Méjico, se les asignaba la responsabilidad de los trabajos misionales en la Alta California.

La Alta California, hoy conocida simplemente como California, fue ocupada en gran medida debido a la visión y empuje del Visitador Joseph de Gálvez, ( que siempre escribió su nombre "Joseph" al estilo francés ), empeñado en que la Alta California fuera ocupada, primero para evitar que cayera en manos de una nación extranjera siendo los rusos de Alaska, los que parecían ser la mayor amenaza, y en segundo lugar, para ofrecer los beneficios del Cristianismo y la civilización a sus numerosas tribus.

La importante decisión de Gálvez para ocupar la Alta California, fue tomada en 1768, en una visita de inspección a Sonora y a la Baja California. Entonces propuso y organizó una serie de expediciones, dos por tierra y otras dos por mar, para conducir a los soldados españoles, pobladores y misioneros a ocupar las nuevas tierras.

Los comandantes de las dos expediciones de tierra eran Don Gaspar de Portolá, gobernador de Californias, la Baja y la Alta, dado que entonces eran una sola entidad, y el Capitán Don Fernando de Rivera y Moncada, que tenia bajo su responsabilidad el presidio de Loreto. Además, fueron enviados dos barcos con provisiones y refuerzos para los establecimientos y misiones proyectados en la Alta California.

Trayecto por la Península.
Portolá salió del presidio de Loreto hacia Vellicatá, siguiendo los pasos de Fernando de Rivera. El Padre Serra se reunió allí con el Gobernador, fundando la misión de San Fernando de Vellicatá. Juntos llegaron a San Diego.
Rutas marítimas
El "San Carlos" zarpó del puerto de La Paz rumbo a San Diego. El "San Antonio" partió de San José del Cabo. El "San José", que había zarpado también de San José del Cabo, naufragó perdiéndose tripulación y carga.

 

Don Gaspar de Portolá, en octubre de 1767 acababa de hacerse cargo de sus obligaciones como gobernador de la Baja California. Su mayor obligación había sido la de supervisar la expulsión de los jesuitas de la península, una trabajo desagradable que realizó a la completa satisfacción del Rey y con mínimas molestias para los misioneros. Y al poco tiempo, tuvo que hacerse con toda la responsabilidad de la gran salida hacia el norte, dependiendo únicamente de las ordenes del mismo Gálvez.

El capitán Rivera, en compañía del Padre Juan Crespí, estaba encargado de la primera expedición por tierra, que debía abrir camino a través de la península de la Baja California hasta los puertos de San Diego y Monterrey.

En Marzo de 1769, con 25 soldados, tres muleros y 42 indios de California, llegaban a Vellicatá, el puesto más al norte, con una gran caravana de toda clase de provisiones y cerca de 400 animales.

Salió de Vellicatá el 24 de Marzo y llegó a San Diego el día 14 de Mayo, cerca de dos meses después. La distancia desde Vellicatá a la bahía de San Diego se aproximaba a las 400 millas. ( Unos 740 kilómetros )

Aparte de las dificultades propias de la marcha por un país desconocido, extrañas tribus de indios, territorios extremadamente escabrosos con falta de pastos y agua, la expedición acabo felizmente, si bien desertaron algunos indios de la Baja California y otros fallecieron en el camino.

En el segundo tramo de expedición iban el gobernador Don Gaspar de Portolá, junto con Fray Junípero Serra, que tenia de ser Presidente de las misiones de la Alta California. Partieron de Loreto el 9 de Marzo de 1769 con 10 soldados, dos criados, 44 indios de la Baja y los precisos caballos, ganado y provisiones, alcanzando la bahía de San Diego el 29 de Junio. Nada especial aconteció durante el trayecto, aunque Portolá también perdió todos sus indios, excepto una docena.

La historia de los dos barcos de refuerzo es mucho más dramática. El primero en zarpar, el San Carlos, era un barco pequeño de 200 toneladas. Salió de La Paz, puerto principal de la Baja, el día 9 de Enero de 1769, cargado de animales de corral, utensilios, ornamentos de iglesia, herramientas, provisiones, simientes, etc. A bordo llevaba 62 hombres, incluido el Teniente Pedro Fages y sus 25 Voluntarios Catalanes, el ingeniero Miguel Costansó, dos herreros y un panadero. Tuvo una navegación increíblemente dificultosa, ocasionada por vientos contrarios y tormentas y no llegó a San Diego hasta el 29 de Abril, después de 110 días de singladura.

El otro barco, el San Antonio, no estuvo preparado para zarpar hasta el 15 de Febrero, con carga y tripulación semejante. Era su Comandante Juan Pérez, natural de Mallorca, antiguo patrón del galeón de Filipinas. En la siguiente década, se convirtió en el capitán español que más exploró la costa del Pacifico. El San Antonio, tuvo la suerte de realizar un viaje relativamente rápido hasta San Diego, a donde llegó el 11 de Abril, después de una navegación de solo 55 días.

El gobernador Portolá en aquel verano de 1769, tenia a su mando un grupo muy diverso de hombres en la bahía de San Diego. Todos habían soportado grandes sufrimientos, especialmente aquellos que llegaron por mar. Muchos estaban muy enfermos del escorbuto, incapaces de trabajar, y otros muchos habían fallecido. Solo hombres de gran coraje y valentía podían enfrentarse al futuro sin miedo y con el deseo de seguir adelante.

La mayor responsabilidad de Don Gaspar, su objetivo fundamental, era explorar y ocupar la bahía de Monterrey. Este era el puerto donde el famoso navegante Sebastián Vizcaíno había arribado in su viaje de 1602 – 1603, y que se había dado a conocer por los escritos de otro marino, Cabrero Bueno, especialmente por su Navegación Especulativa y Practica, (Manila, 1734 ).

A pesar de la decepción en que se hallaba, el gobernador Portolá, cuando conoció el estado a sus hombres y los suministros, no manifestó su desencanto a nadie. Puesto que las ordenes reales le instruían que debía encontrar el puerto de Monterrey y establecer allí la capital de la Alta California, reunió a sus fuerzas y dejando al Padre Serra con los enfermos en San Diego, salió a realizar la exploración , en un trayecto de más de 500 millas ( más de 900 kilómetros ) por un territorio totalmente desconocido.

Primer trayecto por Alta California
San Diego, río de Nuestra Señora de los Angeles de la Porciúncula, los Encinos, Canal de Santa Bárbara, Carpintería, San Luis Obispo, Pt. Concepción

 

Partiendo de San Diego el 14 de Julio, Portolá emprendió la marcha. Su grupo estaba constituido por el Capitán Rivera, el Teniente Fages, el Sargento Francisco Ortega, unos 35 soldados y dos frailes, Juan Crespi y Francisco Gómez.

En general Portolá siguió una ruta por la costa, pasando por la moderna ciudad de Los Angeles, llegó a la zona de Santa Barbara (con los indios Chumash, gente de relativa cultura).

Andando otras 100 millas, más allá de la actual ciudad de San Luis Obispo, topó con la cadena de las escabrosas montañas de Santa Lucia, que cruzaron con gran dificultad tanto para los hombres como para las bestias. Más allá todavía, Portolá y sus hombres vieron un bahía curvada, que a ellos pareció simplemente una costa con cierta protección.

Era en realidad lo que Vizcaino había llamado " Monterrey ", pero no lo reconocieron como el excelente puerto que esperaban encontrar. Portolá llamó a concejo a sus oficiales y frailes. Después de un corto descanso, emprendieron otra vez la exploración hacia el norte.

Un mes más tarde, en Noviembre de 1769, los exploradores de cabeza, informaron que el trayecto quedaba interrumpido por grandes ensenadas. Desde lo alto de la montaña, divisaron a unas 25 millas en el mar, las islas Farallones. Y también la bahía de Drake en la Punta de Reyes, al norte del actual San Francisco. Nada vieron que se asemejara a la famosa bahía de Monterrey, el motivo de su búsqueda. Realmente estaban contemplando la moderna bahía de San Francisco, nunca antes vista por europeos.

Cansados y escasos de alimentos, el gobernador Portolá sostuvo numerosos consejos de guerra con sus oficiales y consejeros, que reconocieron haber llegado demasiado al norte y que la bahía de Monterrey debía haber quedado atrás, más al sur.

Así es que dejando la desconocida bahía de San Francisco, cuyos estuarios les desconcertaron, emprendieron el regreso.

Acampados ahora en Punta de Pinos, donde estaba realmente la bahía de Monterrey, todavía seguían dudando de que aquello pudiera ser lo que estaban buscando. Después de más juntas con los oficiales, Portolá decidió regresar a San Diego, porque además sus suministros estaban casi agotados y con el frío y el tiempo lluvioso, tanto los hombres como las bestias de la caravana, eran incapaces de seguir la marcha. Dejando una cruz plantada en la playa, con un mensaje por si acaso los barcos con suministros llegaban a la bahía, salieron hacia San Diego, agotados y hambrientos.

Porqué no reconocieron la bahía de Monterrey?. La explicación lógica es que durante centurias, la famosa descripción de la bahía hecha por Vizcaíno, la había convertido en un lugar irreal, existente solo en la imaginación del marino!. La expedición Portolá fue víctima de la narración!.

Portolá y sus hombres llegaron a San Diego en Enero de 1770, abatidos y envueltos en un estado de tristeza. La situación del lugar era también difícil. Los indios se habían insolentado, los suministros estaban casi agotados, los barcos con ayudas de Méjico no habían llegado. Todo parecía haber salido mal y la escasez de alimentos amenazaba a toda la colonia. En esta extrema situación aguardaron lo más que pudieron.

En su ayuda, el San Antonio, llegó el 19 de Marzo de 1770 con suministros. El gobernador Portolá, de acuerdo con sus principales oficiales, decidió regresar a la Punta de Pinos, convencido que allí debía estar la famosa bahía de Monterrey, a pesar de lo poco adecuado que era como puerto bueno y acogedor.

Portolá, que había concertado su encuentro con el San Antonio en la Punta de Pinos, salió otra vez por tierra y llegó a su destino en Mayo.

Una semana después, el barco estaba a la vista. Ahora finalmente el gobernador Portolá estaba en condiciones de ejecutar sus instrucciones, con la fundación de una ciudad en la bahía de Monterrey como capital de California.

 

"Plano de la costa del sur corregido hasta la canal de Santa Bárbara en el año 1769"
Por Miguel Costansó. Archivo Histórico Nacional. Madrid.

El 3 de Junio, después de celebrada una misa solemne por el Padre Serra y cantar el Te Deum, Portolá tomó posesión formal del país en nombre del Rey de España, y quedó establecido el Real presidio y misión de San Carlos de Monterrey.

¡Portolá y sus hombres habían vencido enormes obstáculos, superado grandes distancias y extendido el imperio español en cerca de mil millas hacia el norte!. También evitaron que los enemigos de España trataran de ocupar aquellos territorios. Portolá había realizado su misión.

De acuerdo con las instrucciones que le diera el Visitador Galvéz, el gobernador Portolá regresó entonces a Méjico y dejó California para nunca más regresar. Su trabajo allí había concluido. Con coraje, paciencia, perseverancia, determinación y valentía condujo felizmente a las tropas españolas hasta establecerse en dos emplazamientos de gran importancia. Eran el presidio y la misión de San Diego y el presidio y la misión de Monterrey. Desde estos asentamientos España extendió una cadena de poblaciones que van desde San Diego en el sur, hasta San Francisco y Sonoma al norte.

 

[Volver al índice] [Relato Costansó-Crespí]