Monterrey y Portolá

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Monterrey se halla a unos 230 km. al sur de San Francisco, en la bahía de su nombre. Su espléndida localización, sus amplias playas resguardadas del oleaje por su península, hacen de Monterrey un lugar excepcional en la costa del Pacifico.
La ciudad ha cuidado muy especialmente todo cuanto pueda hacer cómodo y agradable la vida de sus residentes, conjugando los más modernos servicios con el respeto a un ambiente tradicional de ciudad histórica, placentera y tranquila.
Es lugar de cita para personas con residencia temporal y para muchos otros que acuden para practicar "surf", pesca, submarinismo, disfrutar de las más famosas instalaciones de golf del mundo o simplemente descansan en una ciudad con clima excepcional.
Tiene actualmente 35.670 habitantes. El 38.60 % de sus habitantes tienen una edad media de 36 años. A Monterrey acuden muchos trabajadores foráneos para cubrir las labores agrícolas, de servicios, la administración, el comercio y la hostelería
Existen además varias instalaciones ligadas a la Defensa militar de los Estados Unidos, que aportan buen número de puestos de trabajo.
Se estiman en 4.000.000 los turistas que cada año van a Monterrey atraídos por el clima, la belleza de la ciudad, el famoso Acuario, sus jardines y paseo marítimo, la reserva natural de su bahía o los numerosos campos de golf.
Las playas de la bahía de Monterrey, fueron realmente descubiertas por Sebastián Vizcaino en 1602, durante el viaje que realizó a estas costas, buscando un buen refugio para las naves que anualmente venían de Filipinas. Al llegar a las costas californianas, aquellos galeones necesitaban recogerse en un puerto seguro y capaz de suplir y socorrer las deficiencias del trayecto, antes de salir hacia Acapulco. Hallar este puerto fue misión de Vizcaino.
La descripción que hizo de las playas de Monterrey, fue tan exageradamente complaciente, al describirlas como un gran puerto, abrigado y perfectamente protegido de los vientos, que su desmedido entusiasmo, provocó la confusión de la expedición de Portolá de 1769.
Cuando el Virrey de España en México, junto a José de Gálvez, determinaron que se ocupara oficialmente aquella bahía, ofrecieron al Comandante los diarios de aquellos navegantes para que le sirvieran de orientación.

A Portolá, a los oficiales y a los franciscanos que llegaron caminando hasta allí desde San Diego, lo que tenían ante sus ojos no se correspondía en nada a lo que decían los diarios. Desde luego no había en aquellas playas un lugar que pudiera ser tenido como buen abrigo de las naves, ni un puerto protegido de los vientos.
Por ello, ante la duda de haber sobrepasado o de no haber todavía alcanzado el lugar de su destino, continuaron caminando hacia tierras de latitudes más altas.
Llegaron hasta el valle de San Pedro, actual ciudad de Pacífica, descubriendo desde alli la actual bahía de San Francisco, pero abandonaron aquel enclave porque su misión estaba destinada a la ocupación y fundación en Monterrey.
Fracasada su búsqueda, retornaron a San Diego aguardando la decisión de sus superiores y en todo caso "... de nuevo emprender el viaje si no fuese para Monterrey para el puerto de San Francisco..."
En 1770, salieron otra vez desde San Diego hacia las playas de Monterrey y ahora sí, el 3 de junio, junto al océano Pacifico, Don Gaspar de Portolá tomó posesión de aquellas tierras y estableció el fortín al que llamó San Carlos de Monterrey en honor del Rey Carlos III de España.
En el mismo acto se fundó también en aquel lugar la segunda misión en California, bajo la advocación de San Carlos Borromeo.
Fray Junípero Serra, Presidente de las misiones que se proponían fundar en la Alta California, había sido uno de los franciscanos acompañantes de la expedición Portolá y con él, había recorrido a pié toda la Baja California y ahora, desde la misión en Monterrey, iniciaría la inmensa obra de colonización y cristianización de aquellas tierras.
Portolá, cumplidas las ordenes de sus superiores, abandonó Monterrey dejando allí de Comandante Militar al Teniente Pedro Fages, a sus Voluntarios de Cataluña y a los soldados de cuera, nativos que había conducido Don Fernando de Rivera.
A partir de aquí todo forma ya parte de la historia de California.
Hoy en Monterrey se conservan con esmero todos aquellos sitos, lugares históricos, edificios que forman su historia como ciudad.
En otros se evidencia la evolución histórica de todo el país, que vivió durante años regido desde Monterrey.
La capilla dedicada a San Carlos Borromeo en el fortín es uno de los lugares más destacados de Monterrey. Sustituyó en 1794 a la capilla original, construida con materiales de muy pobre calidad. La misión franciscana ya había sido trasladada al cercano enclave del río Carmelo.
Del primer presidio y capilla, construidos por Portolá, Fages y Serra, no queda más recuerdo que su conocida localización.
Se conservan algunos edificios históricos de la época colonial, destacando el "Cotton Hall", que en 1849 acogió la primera Convención Constituyente de California. Es actualmente archivo histórico y biblioteca de Monterrey.
Fue en Monterrey el primer lugar de California donde se hizo entrega del primer lote de tierra a un colono, lo que daría origen después a los famosos "ranchos" californianos. El lote lo recibió en 1775 el soldado catalán Manuel Butrón, el primer europeo que se casó con una india nativa.
S.M Don Juan Carlos I de España hizo donación a la ciudad de una estatua de Don Gaspar de Portolá, copia de la que existe en Balaguer y de la que es autor el escultor Fausto Blazquez. Fue situada en la moderna plaza Portolá, frente al Centro Cívico de la ciudad donde se realizan actos de la corporación municipal, encuentros y reuniones comerciales, culturales y donde se suceden las exposiciones artísticas.
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